¿Por qué existen los museos?

por Camila Colombo

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Como estudiante de historia del arte y trabajando en MACBA, observando el barrio de San Telmo me puse a pensar… ¿por qué existen los museos? ¿qué legitima o establece criterios para que una obra de arte forme parte o no de un museo?
Según Andreas Huyssen, en su texto En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalización (2000), plantea que existe una diferencia entre la modernidad y la posmodernidad, donde el arte se fue transformando a lo largo de la historia, así como la concepción sobre los museos.  En sus orígenes, el museo fue pensado como un mausoleo, un lugar para la recopilación de obras artísticas, un lugar sagrado, que alberga la historia de diferentes épocas.
En la posmodernidad, fueron la vanguardias históricas las que se opusieron al museo, las que rechazaban la tradición, una conservación elitista, el bastión de alta cultura y celebraban una ruptura hacia una vida totalmente nueva, una mirada hacia al futuro,  una nueva forma de concebir y de ver el arte. A partir de 1980, la concepción sobre museos comenzó a mutar para transformarse en un espacio espectacular, de divertimento, un espacio como punto de reunión, donde la cantidad de público, y el tipo de público que visitaba los museos se iba modificando, pasando a ser parte de una cultura de masas. La distancia entre la obra de arte-una obra de arte aurática o sacralizada, como era pensada en sus principios- y el espectador, se achicó.
Con esto no quiero decir que sea algo negativo, un poco más instantáneo o fugaz tal vez la forma de pensar el museo. Apreciar una obra artística, estar en contacto con ella, transitar la historia de cada cultura fue variando y es también producto de los cambios sociales que ocurrieron a lo largo de la historia.
Así como la pintura, la escultura y la arquitectura evolucionaron a lo largo de la historia, la irrupción de la fotografía, el cine y el diseño fueron aportes muy enriquecedores en el ámbito artístico, aceptado por el público y por la institución arte como tal, logrando ampliar el campo del arte como resultado de la evolución histórica (los avances de la industria o de la tecnología, por ejemplo.)
Personalmente me parece que ver obras de arte en un museo, ir a un museo, forma parte de modificar o enriquecer los quehaceres de nuestra cotidianidad, que forme parte de mi tiempo, que me de un momento para pensar si lo que estoy viendo ¿es una obra artística? ¿por qué sucede eso? ¿qué me provoca? ¿qué siento? ¿qué me motiva a hacer cuando la veo? En base a mi propia experiencia recorriendo el museo, considero que las vivencias en el momento de interacción con las obras es mucho más rico, más puro en forma directa, en vivo, que observarlas a través de una cámara fotográfica. Creo que el momento de vínculo con la obra, su análisis, sentirla, decodificarla, es mucho más gratificante en vivo que estar pendiente de sacar masivamente fotografías, ya que no hay mejor lugar para ese recuerdo que tu propia memoria. No quiero decir que no se puedan tomar fotografías como “recuerdo” de lo visto, pero siento que si eso se transforma en el objetivo principal no se disfruta realmente.
Estoy convencida de que un museo cumple una función social dentro de la cultura, dentro del mundo del arte, como integrante mismo de lo que llamamos “institución arte”, capaz de legitimar o establecer criterios que guiaran a cada visitante en su recorrido por la institución. El museo es constructor de nuevos discursos, funciona como disparador de nuevos pensamientos, como mediador entre objetos históricos y el público de cada época.
El museo evidencia objetos, imágenes que en nuestra vida cotidiana pueden pasar por desapercibidas, pero que al verlas dentro de esta institución, nos tomamos el tiempo de cuestionar, de considerar. Así el museo logra su verdadero propósito. Además, una obra de arte no puede verse por única vez, como algo fugaz, instantáneo, sino que necesita ser vista varias veces, un proceso de análisis, de visión, poner todos nuestros sentidos a su disposición y dejar que nos sorprenda cada vez que nos encontramos frente o alrededor de ella.
El museo nos abre sus puertas para que podamos dejar por un rato nuestra rutina y que nos conectemos con el pasado, con los acontecimientos y movimientos pasados o con el presente. Respecto al arte contemporáneo, con la incertidumbre y los cuestionamientos presentes de nuestra compleja sociedad, para pensar en este presente y, por qué no, tratar de buscar algo mejor.
El arte abre caminos, experiencias, crea signos que necesitamos en nuestra vida y el museo es uno de los lugares donde podemos tenerlos a nuestra disposición para enriquecer nuestra visión y nuestro espíritu.

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