Texto de Iván Ruiz Moreno

Edna Andrade, Blue cross with red, 1968

Edna Andrade, Blue cross with red, 1968

Frames of Mind

La primera atracción hacia esta obra se siente, como otras pasiones, de manera instintiva. Un cuadrado rojo en el centro de la pieza de 93.2 × 93.2 cm llama la atención del espectador. Al acercarse por más, este encuentra dos eventos geométricos que colisionan. Por un lado se pueden distinguir una serie de contornos cuadrados que se achican uniformemente desde los extremos hacia el centro de la obra. El espesor de los  bordes crece hacia el centro de la pieza, es decir, a medida que el perímetro de los cuadrados se hace más pequeño. El color de estos marcos es azul, con un sutil borde turquesa y queda intercalado con un fondo color ocre oscuro. Por otro lado, se distingue una cruz que atraviesa a la obra de manera horizontal y vertical y tiene como centro al cuadrado rojo que mencionamos al principio. Esta cruz es transparente, pero dentro de sus diez centímetros de ancho perturba el orden de los cuadrados mencionados. Cada segmento azul dentro de la cruz parece corrido hacia afuera, y en su lugar se observa el fondo ocre. Los bordes de la cruz también son delineados por rectas color turquesa.

Uno puede pararse frente a “Blue cross with red” y pensar que la obra sería armónica si no fuera por la cruz que la atraviesa y desestructura todos los cuadrados. Y que esos marcos en azul calmo resultan desestabilizados al ser empujados hasta el límite desde el interior. Y uno puede sentir que esta fuerza lo empuja fuera del cuadrado y le da un nuevo marco para apreciar la obra en movimiento. Luego se puede dialogar con esa pieza que lo interpela a uno desde la interacción entre sus elementos cinéticos: las rectas que se agrandan y se achican mientras se confunden con el fondo, por ejemplo. Y uno puede descubrir que Andrade se vale de un lenguaje de  colores fríos, líneas rectas y cuadrados irregulares para inscribir su postulado. ¿Pero qué quieren decir sus formas estáticas y en movimiento? Esta corriente incontenible desorienta al espectador. La vibración de los colores, en consonancia con las figuras inquietas, lo movilizan y le generan un efecto geométrico. La descripción de este efecto es subjetiva. En mi caso, es una impresión perturbadora, que si fuera una palabra sería desconfío. Y me habla del cambio en lo estable, de que siempre hay algo que se escapa y de la contingencia. Aunque, en realidad, este diálogo con la obra le pertenece a cada espectador en cada momento.

Finalmente, vemos que cada persona sigue una experiencia visual propia en su conversación con la obra. Sin embargo, recordemos que de no ser por la cruz central el cuadro no diría lo mismo. La cruz azul que atraviesa a la pieza de punta a punta  es la que abre un nuevo marco de pensamiento para interactuar con la obra. Esta blue cross es la que abre, tomando palabras de Huxley, las “Puertas de la percepción”.

Iván Ruiz Moreno

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