Sobre activar a Friedler de Adrián Pascoe

Activar un texto ajeno

El arte vive siempre a expensas de los artistas: Julien Friedler se propuso hacer arte como verdades, verdades entre personas. La retórica es un antiguo arte practicado tanto por monjes budistas como por filósofos griegos, es el arte del convencimiento. Sin embargo para ambos grupos, monjes y filósofos, lo importante no es tanto la verdad expresada o como se convence al otro, sino los caminos por los que se camina para llegar a una verdad.

Para mí, la personalidad del activador que ejecuta La verdad del Laberinto es la llave de acceso a esa lectura. La percepción sonora y conceptual que tendrá el activado parten de esa voz, de esa pausa, de esa velocidad, de esas manos. Ahí está uno de los placeres como activador, el activo se nos entrega, hay un grado de transferencia, al viejo estilo de mester Freud. Al tiempo uno es cómplice de Julien y cómplice del otro, del verdadero, del que está en frente nuestro. Esta extraña tensión, que es ya en sí una retórica al interior, se vuelve placentera conforme la práctica se entiende y se profundiza. Soy entre dos, una sensación antigua de triángulo, de perversión hermosa y generosa. Creo que me sentí enamorado varias veces al día con esta performance.

Nunca lo llevé a un levante porque justo la bella tensión profesional que otorgaba la performance era su gran placer.

Aunque una pareja de más de 60 me invitaron a visitarlo a su casa a tigre, tuvimos unas conversaciones hermosas. (Una artista del metal y maestra de yoga y su marido un ingeniero agrónomo.) Ellos concebían al arte como la única vía de ponerse en contacto con Dios.

Después una chica de aproximadamente 16 era particularmente genial y lúcida y quería llevar el arte a todos, que todos tuvieran acceso, que sus sentidos explotaran de arte, era muy entusiasta y me conmovió. Creo que le leí 3 textos finalmente.

O ese católico brillante que parecía hablar el lenguaje del texto, aun cuando a mi me causará rechazo su iglesia logró fascinarme su comprensión y capacidad de transmisión.

Me entregué a ser el ángel, y cada tanto pensaba en esta palabra, tan sacra, tan bíblica y tan pagana al tiempo. Dejé mi espíritu ser utilizado por convicciones ajenas y lo disfrute, un prostituto de la filósofía.

Cariños,

Adrián.


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