La muerte como transformación

Por Luciana García Belbey

El estado actual del arte permite que los artistas se sirvan de todos los lenguajes, de todos los estilos, de toda la historia y la teoría del arte para crear sus obras. De esta manera, consciente e intencionalmente establecen diálogos con obras de otros creadores. Ya lo dijo el afamado historiador del arte Ernst Gombrich: toda obra de arte debe más a obras anteriores que a la observación directa de la realidad. Las estrategias utilizadas para tal fin son la cita -como lo hacen los escritores- o la apropiación, mecanismo que también implementan los músicos en los covers o los DJ`s para realizar sus propios “temas”[1].

Posesión-Burgos-2013

Burgos, Fabián. Posesión (2013)

Por otro lado, Hans Jauss y Umberto Eco -dos de los principales autores de la teoría de la recepción- sostienen que las obras contemporáneas están abiertas a diversas interpretaciones. Ya no hay discursos a priori que las producciones artísticas deban seguir, por ende, nosotros, los espectadores podemos volcar nuestras propias reflexiones y emociones en estas nuevas propuestas estéticas y completarlas, convirtiéndonos así en coautores de las mismas. A la luz de todas estas ideas nos gustaría abordar Posesión (2013), una de las piezas que conforman Instante Eterno, muestra que se exhibió recientemente en el museo y que recoge la producción de los últimos años de Fabián Burgos. El trabajo de este artista argentino se puede ubicar dentro del neocinetismo óptico[2]. Sin embargo, la obra en cuestión dista bastante -al menos morfológicamente- de esta línea estética que principalmente sigue la abstracción geométrica y cuyos elementos visuales provocan ilusiones ópticas.

Posesión es una pintura al óleo -técnica predilecta de Burgos- sobre cuyo fondo negro se presenta una calavera con dos huesos cruzados por debajo, diseño que recuerda a las banderas piratas o las etiquetas de botellas de veneno, sobre todo las que aparecen en dibujitos animados y en películas. Principales fuentes de “inspiración” del artista, de donde recurrentemente toma imágenes para apropiarse de ellas y así realizar sus creaciones. Lo curioso de esta obra (además de las referencias recién citadas) es su particular encuadre que recorta al cráneo por su parte superior.

María Magdalena Penitente, seguidor de El Greco, S.XVII

La iconografía de la calavera ha persistido durante diferentes épocas a lo largo de toda la historia del arte, aparece en pinturas que representan a Santos penitentes, en vanitas u oculta a través de un complicado anamorfismo en la célebre pintura Los embajadores, de Hans Holbein. Igual de célebre pero, quizás sí, más controvertida es la calavera de Damien Hirst, que lleva por título For The Love of God, en una suerte de homenaje a su madre que exclamaba esa frase ante cada nueva ocurrencia artística de su inquieto hijo.
La Vanitas es un subgénero dentro de la categoría de bodegón, muy difundido durante el barroco, sobre todo en los Países Bajos y tiene una gran carga simbólica. En éstas el cráneo humano se encuentra acompañado de un repertorio de objetos como flores marchitas, frutas pasadas, relojes, instrumentos musicales, útiles y elementos cotidianos, entre otros, que se refieren a la fragilidad y la brevedad de la vida. Entre estos elementos que simbolizan diversas actividades humanas: saber, ciencia, riqueza, placeres, belleza, se encuentra este memento mori (recuerda que morirás), denunciando la relatividad del conocimiento y la vanidad del género humano sujeto al paso del tiempo. Su mensaje es claro, la inutilidad de los placeres mundanos frente a la certeza de la muerte, pero también nos recuerda que más allá de las posesiones terrenales debemos preocuparnos por trascender la pura materialidad, enriquecernos también espiritualmente, dejar un legado.

Cuando trabajamos Posesión en los recorridos dialogados las ideas de peligro y de muerte enseguida aparecen en los visitantes. Este sentido se potencia cuando señalamos que acertadamente se decidió presentarla en diálogo directo con ¿A qué le temes? (2013), obra que formalmente tampoco sigue la línea óptica-cinética llena de color y movimiento que caracteriza la producción del artista, ya que se trata de un monocromo negro. Muchos de los visitantes interpretan que este enmarque particular con el que Burgos decide presentar su calavera es una metáfora de la idea de que la muerte es un tema tan pesado y denso que excede los límites de la tela y que somos nosotros los espectadores quienes debemos completarla con nuestra propia reflexión, tal como se sostiene desde la teoría de la recepción. Se trate de un cráneo real, de uno pintado o de uno cubierto enteramente en brillantes de máxima pureza, este símbolo nos confronta con algo tan evidente como inevitable, la muerte.

Hans Holbein, Los embajadores (1533),Detalle-Anamorfismo-Embajadores

Cuando en arte hablamos de muerte ineludiblemente se nos viene a la cabeza un debate que surgió en los 80, donde se creía que el propio arte había muerto. En realidad lo que se había clausurado era un modo particular de entenderlo, como un relato lineal, es decir, la “historia del arte concebida como evolución de estilos o grandes narrativas que señalaban en cada momento el deber ser del arte, como una sucesión de mandatos: desde la imitación figurativa del Renacimiento hasta la abstracción pura de mediados del siglo XX como último escalafón de su desarrollo evolutivo”[3]. Pero aquí estamos todavía, visitando un museo, mirando obras de arte, es decir que no hubo muerte del arte, sino transformación en algo distinto. Frente a la única certeza de nuestra existencia, su final, fueron muchas las civilizaciones –sobre todo de la antigüedad- que creían que la muerte era sólo el comienzo de algo más y apelando a la física moderna y al cantautor uruguayo Jorge Dexler podemos sentir cierta tranquilidad: ‘nada se pierde, todo se transforma´.

Vanitas, Pieter Claesz, ca.1625Damien Hirst, For the Love of God, 2007,

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] “Desde comienzos de los años noventa, un número cada vez mayor de artistas interpretan, reproducen,reexponen o utilizan obras realizadas por otros o productos culturales disponibles”. Bourriaud, Nicolás; Postproducción. La cultura como escenario: modos en que el arte reprograma el mundo contemporáneo, Buenos Aires, Adrina Hidalgo, 2009, pág.7

[2] Oliveras, Elena, Catálogo de la exhibición Instante Eterno, Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires, 2014, pág. 11

[3] Franchino, Romina; El origen trágico del arte contemporáneo, en nuestro blog. https://educacionmacba.wordpress.com/poligonos/el-origen-tragico-del-arte-contemporaneo/


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