Crónicas de un día en MACBA

Por Sofia Calvano

“Apúrense a comprar comida que Gilad quiere charlar con nosotros”, dijo Marce, nuestra asistente del equipo de Educación. Así que rápidamente improvisamos un almuerzo con Gilad Ratman, el artista de la próxima muestra –The Workshop– a inaugurar el 3 de octubre, y nuestra jornada laboral se convirtió de repente en una charla informal entre artistas, educadores y curadores. Eventos inesperados que suelen suceder en MACBA.

Gilad Ratman es un artista israelí que nació en 1975. Estudió arte en Jerusalén y en Nueva York. Comenzó con la pintura y luego fue abriendo sus horizontes hacia el soporte audiovisual. Hoy en día, realiza sus obras en formato video y videoinstalación. Su obra The Workshop se presentó en la Bienal de Venecia en 2013 y fue adaptada para presentarse actualmente en tres pisos de MACBA. Se trata de un viaje, el éxodo de una comunidad de treinta personas de Israel a Venecia, ciudad que aloja las famosas bienales de arte. Imágenes de los túneles, excavaciones y al salir de la expedición, el ingreso de este grupo en un espacio amplio e iluminado, un taller -es decir, un workshop- en el que modelan sus propios rostros en arcilla. Si pudiéramos entender esta videonstalación de una forma narrativa, resumiendo un poco, la historia más o menos sería esa.

El almuerzo derivó en una tarde filosófica, en la que hicimos preguntas al artista sobre su obra, pero también se extendió hacia la reflexión sobre las ideas de belleza, de lo feo, sobre la violencia, la guerra, la relación entre el hombre y la naturaleza, temas que aborda Ratman en sus obras. Tamara García Iglesias, amiga de la casa y curadora del ciclo MAPA Export, llevado a cabo en el museo unos meses atrás, estuvo presente y fue quien impulsó el debate: ¿la belleza es un concepto de la cultura o la preexiste? ¿Lo bello y lo feo son creados por el hombre o son extensiones de Dios?

Israel, caverna, éxodo…no pudimos evitar el tema de la guerra. Pero no es sobre el conflicto entre Israel y Palestina que habla la obra de Ratman, sino que se trata de una reflexión más amplia sobre el túnel, sobre estar abajo de la tierra. O lo que significa estar arriba, en “the cloud”, la nube, Internet. El exceso de información, la comunicación, la nacionalidad y todo lo que implica estar en el mundo. En contraposición a eso, el túnel, lo primitivo -aunque él no quiere llamarlo así-, el sonido de la voz sin palabras, sin significado, lo que es anterior al lenguaje.

Después de comer, el grupo se redujo a Gilad y el equipo educativo. El artista nos pidió una hoja y algo para escribir. Arrancamos una hoja de cuaderno y se la dimos, la miró con desilusión y pidió una hoja más canchera. Buscamos hojas más grandes y lápices de colores. Ahora sí, estábamos listos. “Me encanta la oficina de Educación”, dijo Gilad y de repente fue un niño contento con sus juguetes.

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Nos hizo un dibujo del mundo, “este es el mundo”, dijo e hizo un      esquema, como si fuera un mapa de Israel a Venecia, dividiendo
lo que está arriba -los árboles, el agua, las fronteras entre los países y  por qué no, Internet- y lo que está abajo: los túneles, la caverna, el aislamiento.

 Podemos pensar la obra de Gilad como esa contraposición y  también convivencia constante entre arriba y abajo,  comunicación y aislamiento, high tech y low tech, lenguaje o  sonido gutural, lo que existe y lo que preexiste. “Piensen en los  autorretratos en arcilla. En el mundo exterior, eso sería Facebook.  Un retrato que uno construye de sí mismo, cambiando la foto de  perfil, borrando las fotos que ya no le gustan, agregando y  sacando filtros”.

 Nos interesamos por el tema de las fronteras entre los países. Pía, coordinadora del equipo de Educación, contó una anécdota sobre la videoconferencia que realizamos tiempo atrás con Carlos Cruz-Diez. El artista venezolano, de 91 años, dijo que las nacionalidades van a dejar de existir. Y Gilad está de acuerdo: “Este va a ser un período muy corto en la historia de la humanidad. La existencia de los estados va a ser un período muy corto y vamos a volver a un mundo sin divisiones. Abajo de la tierra no hay fronteras”. Y ahí surgió el tema de la vuelta a la Edad Media, cuando todavía no estaban conformados los estados, pero esa es una historia muy larga para contar ahora.

A pesar del tinte conceptual que tomó nuestra tarde, no todo fue teoría dura y conceptos complicados. Gilad también nos contó que es un amante de la música y que mientras estudiaba pintura en la universidad tenía una banda de rock. De ahí deriva su posterior interés por los soportes audiovisuales. Combinar música, sonido e imágenes.

Nuestro equipo quedó sorprendido por la presencia del artista, cálida y conversadora, que contrasta con su obra árida, que nos hace reflexionar sobre el mundo contemporáneo y nos hace transitar terrenos incómodos. “Nunca voy a poner al espectador en un lugar fácil”: esa es la convicción con la que el artista desarrolla su obra.

Cuando le preguntamos si quería un café, dijo que sí, pero que el café iba inevitablemente acompañado de un cigarrillo, así que mudamos la reunión a la terraza del museo. Y esta crónica termina acá: invitamos a que cada uno desarrolle su propia experiencia en la obra de Gilad.

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“The Workshop”, de Gilad Ratman. Curaduría: Sergio Edelsztein. A partir del 3 de octubre en MACBA


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